domingo, 16 de enero de 2011

CUMPLERASMUS FELIZ


Habían pasado unos días y ya me había hecho a la idea de que estaba de vuelta en Viena. Lo difícil iba a ser hacerse a la idea de que el día 13 de Enero mi edad se iba a acercar un poquito más a los 30.

Después de un lunes, un martes y un miércoles de no parar, el jueves lo tenía libre...para no parar...pero esta vez, preparando mi cumple, que era ese mismo jueves...pero que iba a celebrar el viernes día 14.
Cotilleando por mi resi, descubrí que en mi planta, la baja, no tenemos cocina común, pero que en los restantes pisos, sí que la hay...¡y era enorme! con sofacitos y todo...así que era el sitio perfecto para celebrar el cumple. Lo siguiente: quedar con Laura para comprar patatuelas y esas cosas y...importantísimo ¡hacer las tortillas de patata!
Bueno, lo de las tortillas fue toda una aventura ¡pero lo que me pude reir! por lo pronto, porque andabamos escasitas de aceite...lo segundo...porque a la primera tortilla que hicimos, pobrecita mía, no la pudo pasar nada más. Aparte de fea, porque tenía un color un tanto raruno, al intentar darle una pasadita más de sartén para que se dorara algo, se cayó encima de la vitrocerámica...la vitrocerámica llena de aceite...ejem ejem ejem...¡al plato, y aquí paz y después gloria! shhhh que nadie ha visto nada. Total, qué no harán en los bares...¡y a nuestros guiris seguro que les gusta igual! :S en fin...dejémoslo estar...
La cosa es que nos pasamos una tarde mu maja en plan marus: de compra, de cocinillas...volvió Natalija de estudiar y nos dijo que había traido 2 pizzas...¡y Laura también había comprado 2 pizzas!...en su residencia no tienen congelador, así que tenían que acabarlas lo antes posible, así que me dijeron que me quedase a cenar...y me hacían para mi la de mozzarella y pesto. ¡ok!
Pues eso hice, allí me quedé a cenar, con Laura, Natalija, Pietro y los 3 rusos...practicando el español con la chica rusa, que está yendo a clases y viendo "Virgen a los 40" en alemán.
En esto que Natalija desapareció...Laura se levantó para ir un momento al baño, Stephan (uno de los ruso-alemanes) se fué a su habitación...y yo me quedé mirando la tele empanada...cuando de repente, apagan la luz de la cocina y aparecen Natalija y Stephan con Laura, que tenía en las manos dos paquetes de turrón y sobre éstos una velita, cantando el "cumpleaños feliz" en alemán...y con ellos, todos los demás que estaban en la cocina. Tan preocupada por preparar la fiesta del día siguiente ¡ni me acordaba ya que ese día era mi cumpleaños! me hizo muuuucha, mucha ilusión aquello. ¡gracias Laura!

El viernes tocaba otra vez estresarse. Ir al laboratorio de microbiología y luego preparar todo...pero hoy tenía otro regalo ¡volver a ver a Michi!...y a las 4 y media de la tarde sonó mi movil...¡Michi estaba en la puerta!
Cuando aún estaba en Madrid, me dijo que él se encargaba de hacerme la tarta...que no le gustaba hacer tartas...pero que lo hacía por mi...así, que yo me esperaba la típica tarta casera de bizcocho, rellena y cubierta de chocolate...sin más complicaciones. Cuando vi la tarta que había preparado ¡lo flipé! ¡pero si es todo un señor pastelero! cuando se lo dije, me dijo que shhhhhhhhh que no se lo dijese a nadie...que él no cocina tartas...sólo como algo especial...¡pero no me pude resistir! y en cuanto vinieron Natalija y Laura se lo dije ¡y fliparon también!


Entre Natalija, Laura, Michi, Clemence (un amigo de Michi) y yo fuimos subiendo las cositas a la cocina y poco a poco, empezó a venir la gente...Steffi con Isa y otros tres amigos, los amigos de Michi, Celia, Erwin...no todos los que son, pero suficiente para hablar y reirnos un ratito. Además se nos acabó acoplando gente de la residencia...uno que tenía cara de no estar muy para acá, un chico negrito de Los Angeles... y un español de Cuenca a última hora, que enseñó a Michi y a Erwin a beber en bota.

Tuvimos hasta piñata...aunque falló el mecanismo...y hubo que hacer trampillas para que cayesen las chuches al suelo...¡para la próxima ya se cómo hacerlo!las tortillas de patata volaron ¡hasta la fea!...lo mismo el turrón y los polvorones que pusimos ¡qué decir de los sandwiches de Nutella, a falta de Nocilla! Nos reimos con "el torito" del Fary y "que viva España" de Manolo Escobar...y allí hasta el más pintado se animaba a hablar Español...¡unforgettable!



Han sido difíciles los primeros días de vuelta...y creo debe ser algo que se hace difícil por muchos años que lleves fuera...pero cuando vuelves a encontrarte con toda la gente que TAMBIÉN tienes aquí...te das cuenta de lo mucho que merece la pena esto. Ha sido un cumple muy especial...no he tenido a mis padres conmigo y el día 13 soplé la velita con ellos a través de Skype, pero pude soplar una vela de verdad sobre unas tabletas de turrón que me supieron como el mejor de los pasteles. Y compartí una noche de risas con gente que también es y creo que va a ser por muchos años, muy especial para mí: gracias Laura y Natalija, gracias Steffi, gracias Celia, Erwin,...¡gracias Michi!


Así que...deseo, deseoooo... que mis 28 sean, por lo menos, tan felices como han sido mis 27.

REGRESO

El día 10 de enero se acabó lo bueno...tocaba volver a Viena. ¡¡qué difícil se hace volver!! más aún cuando lo he pasado tan bien con mi familia, mis amigos...¡mi gente al fin y al cabo!...y es que la tierra es la tierra...y aunque el Erasmus es una experiencia increible...¡la tierra tira!
A las dos de la tarde ya estaba sentadita en el avión y dejaba a Madrid envuelto en una densa niebla. Esta vez volvía con Germanwings, así que me chupe un viajecito estupendo de 6 horitas con escala en Colonia/Bonn que me dejó muerta. En el aeropuerto me estaba esperando el señor taxista, pues había reservado por internete un servicio de estos que te llevan del aeropuerto a donde sea/ donde sea - aeropuerto, por 29 eurillos. A las 21.30 ya estaba en mi casita...mi otra casita...ya no se ni cuál es mi casa.
20 horas antes, había dado un abrazo de despedida a mis padres en el aeropuerto...ahora tocaba verlos sólo a través de Skype...y comentar los cotilleos con Ana por el chat de facebook,... ¡y las risas no son igual a través de un chat! A pesar de estar cansadísima, y de que al día siguiente tenía que madrugar para ir al laboratorio, me costó mucho conciliar el sueño y aún me parecía, cuando estaba medio dormida que enfrente de mi estaba mi mesilla, a mis espaldas la ventana...y que de un momento a otro iba a saltar Nena a los pies de mi cama...luego abría los ojos y comprobaba que detrás sólo tenía una pared, enfrente de mi la gran ventana que daba a Peter Jordan Strasse y a mis pies...¡nada!
Sonó el despertador, vestirse, preparar la mochila y...no desayunar...porque ni siquiera había podido comprar leche el día anterior (los austriacos y sus horarios comerciales!!!). Si no era bastante con el chof que llevaba encima, aquí también la niebla envolvía la ciudad...el suelo estaba húmedo, el día gris, no se veía ni un poquito el sol...por lo menos no hacía frío. Pero bajando hacia el metro me vino otro momento de bajón, cuando me percaté de la falta de ruido que en plena hora punta de la mañana había en la calle.
Cuando vine aquí por primera vez aprecié algunas diferencias entre nosotros y la gente de aquí, de la vida en Madrid y la vida en Viena...pero ahora, después de haber pasado aquí tres meses, volver a Madrid, vivir Madrid de nuevo y regresa a Viena, esas diferencias se han hecho aún más notables...y he visto otras de las que nisiquiera me habia dado cuenta la anterior vez.
Algo que al principio me parecía molesto de Madrid, que no me gustaba y de lo que me avergonzaba era el ruido, de lo ruidosos, gritones y escandalosos que somos los españoles ¡qué error! ¡si es maravilloso! salir del metro en la Puerta del Sol y oir todo ese barullo, la gente ¡vida! y lo mejor de todo es que esa vida la encuentras en cada calle de Madrid, a pocas personas que haya en ella...¡aquí ni por asomo! es todo taaaaaan silencioso, son tan calladitos, hacen tan poco ruido...que deprime.
Y eso fué lo que me pasó a mi...me vine abajo con todo ese silencio!!! y eché tanto de menos Madrid en ese momento!!!
Afortunadamente, el trabajo es salud...y en cuanto llegué al laboratorio y hubo que ponerse manos a la obra parece que la depre se fué disipando...ya a la hora de comer, en casita (la de aquí), sono el pirubí de messenger ¡era Laura que ya estaba en Viena!...y menos mal que me recordó que esa misma tarde, a las 15h, teníamos "food safety" porque yo con el descoloque vacacional pensaba que era al día siguiente...¡otro regalo!...menos tiempo para pensar.
Mientras estábamos en clase, anocheció, cuando salimos, de hecho, era noche cerrada...Laura me dijo de ir a su resi a cenar, comprar un kebap o algo así y por lo menos no estar soliplay en mi habita...así que eso hicimos. Bajamos en el metro de Währinger Strasse, cerca de casa de Laura y, en uno de los millones de puestos de kebap que hay en Viena, compramos la cena...¡la cena!...cuando enfilamos la calle para ir a su residencia, Laura miró el reloj y se empezo a reir...

- Patri, ¿sabes qué hora es?
- Mmm...no se...¿las 8?
- ¡son las 5 de la tarde!

¡¡¡¿¿las 5 de la tarde??!!! pero si el cielo estaba negro como los ******* de un grillo!!!!! no podían ser las 5 de la tarde ¡si allí a las 5 de la tarde aún hay luz como para no tener que encender ninguna bombilla!...nos empezamos a reir las dos a carcajadas...y bueno...confirmado el hecho de que estábamos de vuelta en Austria...cenamos a la austriaca...¡a las 6!

jueves, 6 de enero de 2011

MADRÍ, MADRÍ, MADRÍ


Qué cosa tan extraña ésta del Erasmus...he pasado tres meses fuera de mi casa, de mi ciudad, de mi pais...¡de mi tierra! tres meses que se dice pronto. El día que llegué a Madrid, cuando escuchaba a la gente a mi alrededor en el aeropuerto, y era capaz de entender todo lo que decían, cuando iba en el coche de mi padre viendo el llanísimo paisaje madrileño, cuando volvía a ver lugares por los que había pasado tantas veces...se me hacía muy extraño...extrañísimo. Estaba de nuevo en Madrid...
Al día siguiente quedé con Anita ¡había que ponerse al día de todos los cotilleos! y hacer una sesioncita de shopping en Primark. Después de la tarde de compris fuimos a La Vaguada a cenar...¡La Vaguada! ¡Ay, La Vaguada!...y fuimos con el coche hasta el centro comercial por las calles del Barrio del Pilar...y fue cuando tuve la sensación más extraña de todas...la de no haberme ido nunca. Parecía que había sido ayer cuando había estado en ese mismo coche de Ana, recorriendo esas mismas carreteras y calles camino de La Vaguada.
Cenamos en el Vips...¡otro clásico español! mi particular "fundy o'clock" (sin jamón de York ni pavo, of course)...¡y que gustazo volver a llevarse sentir en la boca esos sabores tan familiares! ¡mi fundy o'clock!
(y estando en Madrid, como no, ha tocado también visita al Crepes & Waffles de Diversia...y sentir el cielo con el waffle de arequipe).


Al día siguiente, el 24, tocó levantarse prontito porque íbamos a pasar la Nochebuena y el finde en el pueblo, con toda la familia. ¡madre mia! en ese recóndito rincón de la España profunda hace si cabe más frio que en la misma Viena. Me pasé casi todo el fin de semana en casita y como yo creo que toda la gente que pudiese estar por allí, porque las pocas veces que fui a dar un paseo no veias un alma en la calle. Fue finde de familia, de risas, de recuerdos, de discusiones de política (cómo no!), de langostinos, pulpo, cordero y turrones.

De vuelta a Madrid, la sensación de no haberme ido nunca de aquí se acrecentaba. Raro, raro...además todo ese fin de semana en el pueblo me había resultado imposible conectarme a internet y por lo tanto, contactar con nadie de Austria, así que esos tres meses parecían aún más perdidos en la memoria. Es una sensación rarísima, es como si todos esos días, todas esas vivencias hubiesen sido un sueño...como si realmente nunca hubiesen ocurrido, como si yo no tuviese una habitación en una residencia vienesa esperando a que vuelva...como si nunca me hubiese marchado de Madrid...que sigue igual que siempre.

Pero si que he estado fuera esos tres meses y el primer día que volví a recorrer las castizas calles del centro de la capital, sentí un cierto cariño por esta ciudad. Miraba a los edificios de la Puerta del Sol con una sonrisa en la cara, miraba todo con una mezcla de nostalgia y alegría...¡estaba en Madrid...mi Madrid! y es curioso, como se acaba queriendo a una ciudad como Madrid, a la que todos los que vivimos en ella odiamos, cuando has pasado un tiempo fuera...

La calle de Preciados llena de gente, que no cabe un alfiler, el ruido de Gran Vía, la gente, que no susurra como hacen en Viena, sino que hablan alto, muy alto...que se oye, que genera ese murmullo de voces en la calle, tan nuestro...¡ese olor a bollo de la Mallorquina! y la gente sin vergüenza ninguna luciendo pelucas de colores compradas en la Plaza Mayor...¡esto es España! y que alegría da ver todo eso ¡cómo me gusta lo español! pero son cosas que no sabes apreciar hasta que no has estado fuera...y es entonces cuando entiendes porque los turistas que vienen a nuestro país se quedan enamorados del caracter de la gente de aquí, porque yo siendo española, cuando veía y sentía cada una de estas cosas en mi interior exclamaba un "¡me encanta!"

Durante estos días en Madrid he caminado unos cuantos día por las calles más castizas de Madrid, pero me encantó en especial la tarde-noche del día 1 que fui con mis padres al centro de Madrid, cámara en mano como una turista más...poniendo como broche al paseo un bocata de calamares en la Plaza Mayor.

Por supuesto el día anterior al paseo hubo Nochevieja con sus uvitas "on time", algo de oro en las copas, noche con los colegas, ron miel y desayuno de chocolate con churros...¡qué clásico!...¡qué bueno es sentirse en casa!

Madrí, Madrí, Madrí...¡cómo se te voy a echar de menos!